Latido del Ebro y Viento que Esculpe la Historia. Soy la corriente del Ebro que atraviesa el desierto, la piedra mudéjar que desafía al cielo y la fuerza del cierzo que limpia mis valles y templa el carácter de mi gente. Soy la magia del Monasterio de Piedra, la cumbre majestuosa del Moncayo y el alma blanca de las torres que miran al Pilar. Durante siglos, he sido tu encrucijada y tu fortaleza, entregándolo todo mientras mi caudal menguaba, mis huertas pedían agua y mi tierra se curtía bajo el sol implacable de la estepa.
Hoy te hablo, y aunque parezco una tierra de granito y resistencia eterna, soy un paisaje frágil. No me mires solo como una ciudad de paso o una llanura infinita; mírame como la raíz de tu propia voluntad y el hogar que hoy necesita que tú también te levantes para proteger su mañana.
Desde las torres de Tarazona hasta los campos de Calatayud, desde las hoces del Mesa hasta la soledad de las Cinco Villas, ya hay quienes han decidido que el silencio no es la respuesta. Pero no caminamos sol@s. Llevamos con nosotr@s la voz de nuestros ancestros, de aquellos antepasados que con manos de barro y forja levantaron este reino, cuidando cada acequia y cada palmo de huerta cuando el cierzo soplaba más frío y la tierra era más dura. Ellos ahora son parte de este polvo dorado y susurran en el aire que recorre mis castillos de frontera. Honramos su memoria cuidando rincón de luz que nos legaron.
Fui el centro de un imperio y el puente entre culturas, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu brújula y tu sustento. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Zaragoza necesita?